Por David Bustamante

Los últimos años hemos visto un fuerte crecimiento en el número de escuelas de lucha libre, quizás somos uno de los pocos países donde hay más luchadores y prospectos que fans. En lo concreto es válido preguntarte, cuál es el objetivo de estas escuelas.

Esta pregunta no es menor, la falta de un plan o de una misión como institución educativa ha hecho mucho daño en la educación chilena. En lo que respecta a la lucha libre, es necesario que antes de formar una escuela, cada promotor se pregunte, qué tipo de luchadores quiero formar. Basicamente con esta simple pregunta es mucho más fácil la autoevaluación, pero también porque el enseñar no se trata de ayudar a otro a realizar tal o cual acción, hay también una responsabilidad a la hora de transmitir y expandir conceptos.

Un ejemplo practico es el Yeyo’s Dojo, sin dudas la mejor escuela actual, recuerdo una entrevista en La Quinta Esquina donde Addam Jones expresaba que Guanchulo no solo se preocupaba por el físico o movimientos de lucha, si no que también tenia una estructura dentro de la escuela bastante similar a la que se usa en la cultura japonesa, de respeto a superiores y entorno. Addam señaló al ex DDT como un verdadero maestro, pero incluso sin sus palabras es evidente el cambio que ha producido este Dojo en el nivel de varios luchadores de la escena nacional. Lamentablemente no todos tienen el mismo respeto por la actividad.

Uno de los mayores vicios es el lucro desmedido, aclaremos, acá nadie piensa que se aquel que funda una escuela deba hacerlo gratis, hay una utilización de recursos y tiempo que merece una remuneración acorde a lo que se entrega, pero cuando el dinero es el fin y no el justo pago por lo entregado, estamos en un problema. Hay escuelas donde luego de un año no se ve mejora, sus alumnos no presentan un físico que evidencie el duro entrenamiento, pero a la hora de cobrar la mensualidad son implacables, no perdonan el mínimo atraso. Este tipo de personas debería poner una tienda, un kiosko, pero no enseñar lucha.

A raíz de esto llegamos al problema central, el que da el título a esta columna. Mircea Eliade fue un gran antropólogo que escribió “El Mito del Eterno Retorno”, donde describía que la cosmogonía de las culturas antiguas se basaban en la permanente reiteración de hechos, un cambio en esto causaba pánico y la seguridad del fin del mundo. Estamos ante una versión local, con escuelas cuyos alumnos no terminan nunca de serlo, pueden llevar años incluso estelarizando los shows, pero siguen siendo alumnos que tienen que pagar sin falta cada mensualidad. Existe un proverbio chino que dice: “Si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno; ni es bueno el maestro”, acá tenemos “maestros” que se empeñan en que esto nunca suceda.

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